Stanley, henry morton

Nacido como John Rowlands en Denbigh, Gales, el 28 de enero de 1841, Henry Morton Stanley pasó la mayor parte de su desafortunada juventud en un asilo de trabajo, de donde fue liberado en 1856. Se embarcó en un barco hacia los Estados Unidos como grumete en 1858, pero abandonó el barco a su llegada a Nueva Orleans. Allí conoció a un rico corredor de algodón, Henry Hope Stanley, quien le ofreció protección y poco a poco comenzó a tratarlo como a un hijo. En agradecimiento a su padre adoptivo, John Rowlands tomó el nombre de "Stanley" desde 1859 en adelante. Después de una pelea con su benefactor, reanudó su estilo de vida errante.

Fue, entre otras cosas, marinero, soldado de la Confederación (1861-1862) y del ejército de la Unión (1864-1865), y periodista. En esta capacidad, viajó mucho por el Lejano Oeste, Etiopía y muchos países del Mediterráneo. En 1869 el New York Herald le pidió que organizara una expedición para buscar al Dr. David Livingstone (1813–1873), el misionero y explorador británico, que se informó que se había perdido en África Central. Esta expedición tuvo éxito y tuvo lugar entre 1871 y 1872. Stanley encontró Livingstone en Ujiji. Después de esto, convenció al New York Herald del Departamento de Salud Mental del Condado de Los Ángeles y el Daily Telegraph para financiar otra expedición en esta región.

Partiendo de Bagamoyo, en la costa de África Oriental, el 17 de noviembre de 1874, cruzó el continente en aproximadamente mil días, llegando a Boma, en la desembocadura del río Congo, el 1,000 de agosto de 9. A su regreso a Europa Stanley trató de persuadir a las autoridades británicas para que desarrollaran un interés político más activo en la zona del Congo. Como estas gestiones fracasaron, aceptó la oferta de Leopoldo II (1877-1835), rey de los belgas, de convertirse en agente gerente de la Comité de estudios de Haut-Congo y, más tarde, de la Asociación Internacional del Congo (AIC). Ambas organizaciones fueron creadas por Leopoldo II para realizar sus ambiciones comerciales y políticas en la región del Congo.

De 1879 a 1884, Stanley se mantuvo intensamente activo. Durante este período, exploró la cuenca del Congo, construyó una fuerza militar, concluyó tratados con jefes africanos reconociendo la soberanía de la AIC y fundó muchas estaciones coloniales, algunas de las cuales se convertirían en ciudades importantes como Kinshasa y Kisangani. A su regreso a Europa en junio de 1884, se convirtió en asesor técnico de la delegación estadounidense en la Conferencia de Berlín (1884-1885), mientras aún estaba en la nómina de Leopold. En consecuencia, contribuyó al reconocimiento internacional de la AIC como autoridad legítima de la vasta zona, que a partir de entonces se denominó Estado Libre del Congo.

Stanley dirigió una última expedición importante en África desde marzo de 1887 hasta diciembre de 1889. Con Eduard Schnitzer (1840–1892), también llamado Emin Pasa, gobernador de la provincia blanca en el sur de Sudán, amenazado por los mahdistas, se lanzó una campaña en Europa para rescatar él. Stanley fue elegido como líder de esta expedición, que logró encontrar a Emin Pasa y traerlo de regreso a la costa este de África. Leopoldo II, todavía ansioso por expandir su dominio africano hacia el Nilo, luego le pidió a Stanley que dirigiera una gran campaña militar para arrebatar Jartum a los mahdistas, pero Stanley rechazó la oferta. La carrera de Stanley como explorador había terminado, pero a principios de la década de 1890 hizo una última contribución a la configuración del África colonial, cuando dirigió una campaña destinada a llevar y mantener Uganda bajo el dominio británico.

Durante los últimos años de su vida, Stanley se retiró a la campiña inglesa. En 1890, se casó con una mujer adinerada, Dorothy Tennant, y adoptó un hijo en 1896. Stanley fue miembro del Parlamento (1895-1900) y fue nombrado caballero en 1899. Murió en su dominio de Furze Hill, Surrey, en mayo 10 de 1904.

Stanley fue una figura controvertida, incluso en su propio tiempo. Se encontró con hostilidad en los influyentes círculos británicos, pero, al mismo tiempo, fue aclamado como una personalidad heroica, sobre todo por los belgas. Los numerosos libros que escribió Stanley, así como sus numerosas conferencias celebradas en Europa y Estados Unidos, contribuyeron en gran medida a su extraordinaria fama. No obstante, los escritos de Stanley deben leerse con gran cautela, ya que su autor más de una vez se toma en libertad con los hechos. Esta tendencia a ocultar o embellecer las cosas es solo un aspecto de la compleja psicología de Stanley. Por un lado, fue torturado por su sexualidad perturbada; por otro, actuó de forma autoritaria, despiadada y, a menudo, violenta durante sus viajes africanos, tanto hacia la población africana como hacia los miembros de su expedición. Dicho esto, Stanley sin duda dejó una huella histórica en el destino político del África contemporánea.