Resumen del tratado antártico

Tipo de gobierno

Casi diez veces el tamaño de Alaska, el continente de la Antártida es una vasta extensión de capas de hielo, glaciares y plataformas de hielo flotantes. Aparte de las estaciones de investigación científica dispersas y los turistas transitorios, está deshabitado. No obstante, es necesario un sistema de gobernanza confiable, porque sus características climáticas y geográficas únicas lo hacen de importancia crítica para una amplia variedad de disciplinas científicas, incluidas la climatología, la geología, la biología y la oceanografía. Para garantizar que los científicos de todas las naciones puedan realizar sus investigaciones en una atmósfera libre de intrigas políticas y explotación comercial, doce naciones firmaron el Tratado Antártico en 1959, creando una forma de gobernanza llamada Resumen del Tratado Antártico. Desde entonces, varias otras naciones se han unido al acuerdo, y en 1991 se agregó un protocolo separado que exige medidas para la preservación de la ecología del continente.

Antecedentes

Se cree que los primeros humanos en vislumbrar la Antártida fueron un grupo de cazadores de focas en 1820. A pesar del uso intensivo del canal de navegación alrededor del Cabo de Hornos, aproximadamente a seiscientas millas de distancia en el extremo sur de América del Sur, pocos capitanes de mar fueron lo suficientemente temerarios como para aventurarse más al sur; incluso en los meses de verano, el riesgo de colisión con el hielo flotante era enorme. Se llevaron a cabo algunas exploraciones tentativas durante los siguientes cien años, pero las expediciones a gran escala no se volvieron factibles hasta los avances tecnológicos ocurridos durante la Primera Guerra Mundial. Fue, sobre todo, el desarrollo de aviones de largo alcance lo que abrió el continente a estudio científico y reclamos territoriales de una variedad de naciones, incluidas Francia y Gran Bretaña. Otros países, en particular los Estados Unidos y la Unión Soviética, llevaron a cabo expediciones, pero en general se abstuvieron de afirmar reclamos territoriales. La afirmación más notoria se realizó en 1939, cuando una expedición aérea alemana reclamó un extenso territorio para Adolf Hitler (1889-1945) y el Reich alemán.

La Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto relativamente pequeño en la Antártida. Sin embargo, en la década de 1950, las rivalidades de la guerra fría y la creciente conciencia de la importancia científica del continente habían traído consigo nuevas afirmaciones de Chile, Argentina, Australia y otros, así como una ola de actividad constructora. La culminación de este período de energía y entusiasmo fue la declaración de 1957-1958 como Año Geofísico Internacional (IGY), un ambicioso programa de investigación multinacional con un fuerte énfasis en la Antártida. El IGY demostró ser un modelo de cooperación internacional en las ciencias y su éxito generó una conciencia generalizada sobre la necesidad de preservar el continente con fines científicos. En 1958, el presidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower (1890–1969), invitó a otras once naciones con importantes intereses en la región a comenzar a trabajar en un tratado integral. Las negociaciones comenzaron en junio de ese año y el tratado se firmó el 1 de diciembre de 1959. Tras la ratificación de las doce partes (Estados Unidos, Reino Unido, Unión Soviética, Sudáfrica, Argentina, Chile, Nueva Zelanda, Australia, Bélgica, Francia, Japón y Noruega), el tratado se convirtió en vinculante en junio de 1961. Desde entonces, varias otras naciones se han unido al acuerdo, entre ellas India, Polonia y Brasil.

Estructura del gobierno

Los términos del tratado son válidos por cincuenta años y cubren todas las áreas al sur de sesenta grados de latitud con exclusión de la alta mar. Las primeras disposiciones exigen solo usos pacíficos y no militares del área y la cooperación en la investigación, incluido el intercambio de datos, personal y equipo. Las partes también acuerdan no obstruir o interferir con la investigación de otros, aunque cada uno tiene el derecho de inspeccionar las instalaciones de los demás. Las controversias deben resolverse mediante negociación, arbitraje o, en última instancia, mediante apelación ante la Corte Internacional de Justicia. Están prohibidos los ensayos de armas nucleares y el vertido de desechos nucleares. También existen disposiciones para la revisión y modificación del acuerdo original, en particular una revisión que se llevará a cabo después de treinta años si una de las partes lo solicita.

Finalmente, está el tema de las reivindicaciones territoriales. Para estos, el tratado esencialmente preserva el status quo, prohibiendo nuevos reclamos pero dejando vigentes los anteriores. Debido a que estos reclamos caen dentro de un área gris y no juzgada del derecho internacional, los redactores del tratado sabiamente no hicieron ningún intento por resolverlos, en lugar de ello, delegaron el tema a los juristas de una generación posterior.

Partidos políticos y facciones

Aunque los partidos políticos no existen, las diferencias de opinión surgen con cierta regularidad. El más significativo de ellos ocurrió en 1988, cuando treinta y tres naciones firmaron una Convención sobre la Reglamentación de las Actividades de Recursos Minerales Antárticos, o CRAMRA. La minería y otros tipos de extracción de recursos quedaron fuera del alcance del tratado de 1959, pero los avances tecnológicos en el ínterin habían reducido los obstáculos que el entorno amenazador de la Antártida planteaba a estas actividades. CRAMRA impuso restricciones a la minería pero no la prohibió. La reacción fue rápida y vehemente, con la sensación generalizada de que cualquier minería era una violación en espíritu (aunque no en letra) del tratado original. Como resultado, CRAMRA fue rescindido. Lo reemplazó en 1991 un nuevo protocolo sobre protección ambiental, cuyo artículo VII prohíbe cualquier actividad minera no relacionada con la investigación científica.

Grandes eventos

El cambio climático global plantea un gran desafío para las naciones del tratado, porque amenaza el medio ambiente único que el tratado busca preservar. El paisaje de la Antártida siempre ha estado en constante cambio, ya que los icebergs se rompen en el mar y las plataformas de hielo se derriten y reforman. Recientemente, sin embargo, los científicos han notado un aumento dramático en la actividad de fusión. En 2005, por ejemplo, las fotos de satélite revelaron que la nieve de la superficie se había derretido en un área del tamaño de California. Mayo de 2007 marcó el comienzo de un Año Polar Internacional (API), un evento similar al IGY de 1957-1958. El foco del API, sin embargo, está directamente en el cambio climático.

Siglo veintiuno

Durante los últimos cincuenta años, los científicos han observado un aumento de dos grados y medio Celsius en la temperatura promedio de la Península Antártica, la región más accesible del continente. Los científicos señalan que esta tendencia al calentamiento, además, parece estar aumentando en velocidad e intensidad. Si el hielo de la Antártida, aproximadamente el noventa por ciento del total mundial, continúa derritiéndose en el océano, las implicaciones para el continente y para la vida vegetal y animal en todo el mundo son siniestras.

Secretaría del Tratado Antártico. "Secretaría del Tratado Antártico". (consultado el 26 de mayo de 2007).

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. "Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático." (consultado el 26 de mayo de 2007).

Año Polar Internacional. "API 2007-2008". (consultado el 26 de mayo de 2007).