Jesús, Úrsula de

1604
1666

Úrsula de Jesús, una mística que pasó la mayor parte de su vida en el Convento de Santa Clara en Lima, Perú, se ganó una reputación de santidad que solo unos pocos lograron durante el siglo XVII. Aún más inusual es que en 1647 el confesor católico de este humilde servidor religioso negro (Dada) le ordenó que registrara sus experiencias religiosas, lo que hizo hasta varios años antes de su muerte.

Úrsula y su madre residieron de joven esclava con su dueña, Gerónima de los Ríos, y en 1617 ingresó al Convento de Santa Clara para servir a la sobrina de su dueña. Fundado en 1605, este convento atrajo a decenas de mujeres de élite que aspiraban a convertirse en monjas del velo negro (el rango más alto) o del velo blanco más modesto. Sin embargo, la única posibilidad de que las mujeres de color se convirtieran en "monjas" era tomar simples votos de obediencia y clausura como donadas, o sirvientes religiosos, que luego continuarían sirviendo a monjas individuales y realizando labores comunales.

Úrsula fue durante veintiocho años una de los cientos de esclavos y sirvientes cuyo agotador régimen de trabajo diario no dejaba tiempo para contemplar seriamente los asuntos religiosos. Sin embargo, según una biografía religiosa (vida) de Úrsula escrita en 1686, un roce con la muerte en 1642 transformó su vida. Úrsula adquirió entonces un mayor sentido de propósito, suplicó a Dios que la instruyera en asuntos espirituales, y las monjas comenzaron a referirse a ella como una "sierva de Dios". En 1645, una monja del velo negro compró la libertad de Úrsula, y luego tomó sus votos como dada.

Desde 1647 hasta su muerte en 1666, las habilidades espirituales de Úrsula, y en particular su capacidad para interceder a favor de las almas atrapadas en el purgatorio, un dominio punitivo donde los católicos creían que los pecados se purgaban antes de que el alma entrara al cielo, continuaron creciendo. A lo largo de dos décadas Úrsula se familiarizó íntimamente con los mundos interiores de las almas muertas que se comunicaban con ella con la creencia de que sus oraciones podrían aliviar su sufrimiento en el purgatorio. En su diario registró las "visitas" de sacerdotes que revelaban sus diversos pecadillos, monjas que lamentaban su conducta imprudente o esclavos y sirvientes que relataban el trabajo excesivo que habían soportado. Para Úrsula, salvar almas en el purgatorio le brindaba la oportunidad de realizar labores caritativas y ganar una autoridad que, en otras circunstancias, podría eludirla.

De hecho, después de que Úrsula hubiera rezado ardientemente para asegurar su paso seguro del purgatorio, muchas almas transfiguradas aparecieron para agradecerle antes de ascender al cielo. Una vez, en una visión, la esclava María Bran se apareció a Úrsula vestida con una prenda eclesiástica y luciendo una corona de flores, y le aseguró a Úrsula que negros y negros donadas fue al cielo. El hecho de que un esclavo ocupara un espacio en las alturas del purgatorio —y luego entrara al cielo— revela la concepción de Úrsula (y tal vez de otros) del purgatorio como un espacio donde imperaba la justicia social.

Cerca del final de su vida, a Úrsula le dijeron que, debido a sus esfuerzos por ayudar a los demás, a ella también se le otorgaría un pasaje directo y seguro al cielo. Cuando murió en 1666, las monjas de Santa Clara lamentaron profundamente su fallecimiento y varias altas autoridades seculares y eclesiásticas asistieron a su funeral. Las monjas encargaron a un artista que pintara su retrato, y un fraile anónimo le escribió vida, basado en gran parte en su diario.

El texto de Úrsula es la única autobiografía espiritual del siglo XVII escrita por una mujer de color en América Latina. En su diario de cincuenta y siete folios, registró sus pensamientos más íntimos, que escribió o dictó a varios escribas tanto en primera como en tercera persona. El texto está lleno de narrativas repetidas, imágenes vívidas y, sobre todo, diálogos increíblemente ricos con figuras celestiales que van desde su ángel de la guarda disfrazado de fraile, hasta Cristo, María y Dios.

Aunque Úrsula nunca obtuvo el reconocimiento que Santa Rosa de Lima (1586-1617) logró en el Perú del siglo XVII, sirvió de modelo para que otras mujeres humildes la emularan. Hasta el día de hoy, el recuerdo de Úrsula perdura entre las monjas de Santa Clara de Lima, que continúan contando historias de sus milagros y el ferviente deseo de esta notable mística de aplacar a los demás.

Véase también Catolicismo en las Américas; aca, Rosa

Bibliografía

Jesús, Úrsula de. Las almas del purgatorio: el diario espiritual de una mística afroperuana del siglo XVII, Úrsula de Jesús. Traducido y editado por Nancy E. van Deusen. Albuquerque: Prensa de la Universidad de Nuevo México, 2004.

van Deusen, Nancy E. "Úrsula de Jesús: una mística afroperuana del siglo XVII". En La tradición humana en la América Latina colonial, editado por Kenneth J. Andrien. Wilmington, Del .: Scholarly Resources, 2002.

Wood, Alice L. "Religiosas de color en la Lima del siglo XVII: Estefanía de San Joseph y Ursula de Jesu Christo". En Más allá de la esclavitud: mujeres de color libres en las Américas, editado por David Barry Gaspar y Darlene Clark Hine. Urbana: Prensa de la Universidad de Illinois, 2004.

nancy e. de miles (2005)